Ayer comenzó por enésima vez (novena en realidad) una nueva edición de Gran Hermano. Aunque apenas vi el especial de ayer y es un programa que sus últimas ediciones me pasan del todo desapercibidas, voy a defenderlo.
Reconozco que este formato me inquietó desde el principio. La visión que he tenido de él ha sido muy distinta a la que se ha explotado en la propia cadena.
Si lo he visto no ha sido por morbo, ni por ver si se liaban entre ellos, ni por ver si se bañaban desnudos en la piscina, ni por ver las broncas, el marujeo barato no va conmigo (aunque nunca está demás, claro). Si lo he seguido en varias ediciones ha sido por eso del experimento sociológico. Sí, soy un tarado.
Desde la propia cadena se intentó destacar únicamente el morbo a través de sus programas (Crónicas Marcianas, A tu lado...), una especie de simbiosis (palabro que tuvo su momento en la primera edición) mediante la cuál éstos programas rellenabas su espacio y a la vez publicitaban el reality.
Aunque en parte de cachondeo lo pongo en mi perfil, sí me gusta observar el comportamiento humano (a veces no sé si pertenezco a él).
Que un grupo de personas desconocidas entre sí estén obligadas a entenderse y convivir en un espacio reducido es algo que a mí me resulta interesante. No sé dónde oí que este reality se inspiró en pruebas que hacía la NASA a sus posibles astronautas y valorar así los problemas de convivencia (no sé si es verdad).
Se basa en algo tan básico como la sociabilidad del ser humano, algo tan elemental en nosotros y donde radican tantas dificultades.
El micromundo que se crea en ese plató con forma de casa no es muy distinto del que queda fuera y en el que nosotros vivimos.
Edición tras edición se ha podido comprobar que los habiantes de la casa-plató siempre han terminado dividiéndose en dos grupos y cada grupo, sin quererlo, ha sido liderado por un habitante. Siempre de manera no programada, antes o después, la casa se divide en dos.
Gente lista sóis si habéis advertido ya su paralelismo con eso que se llama Política y del que siempre resaltan dos grupos ideológicos que son los más visibles. Aunque dentro de la casa las ideas políticas no importan; la diferencia está en los caracteres de los concursantes y su forma de llevar a cabo la vida dentro de ese micromundo ¿no es esto acaso lo mismo que se supone que deben hacer nuestros políticos pero en el mundo real?
No siempre se crean grupos completamente heterogéneos, también hay concursantes que no se quieren decantar por ninguno de los dos grupos creados. Es aquí donde los componentes de uno y otro grupo van a degüello a por ellos y les plantean eso de "o con nostros o contra nosotros".
Está claro que el premio del programa es único, y por lo tanto sólo puede ganarlo uno de los concursantes, pero para ello debe ayudarse primero de un grupo de personas que lo apoye.
Cada semana se elige un líder que tendrá un poder muy importante. Dependiendo del grupo a que pertenezca el líder de esa semana conseguirá que el grupo contrario se vea más o menos diezmado en cuanto a apoyos, ya que puede salvar de la nominación (y por tanto de su posible expulsión) a alguien de su grupo (aunque esto puede traer sorpresas).
Conseguir ser lider resulta del todo llamativo. Hay ediciones en que el rastrerismo y las formas y maneras de conseguirlo dan una imagen muy negativa de los concursantes. Si lo extrapoláramos al mundo de la política, las bajezas y runidades que en este último se cometen no serían nada comparado con lo que sucede en GH. En cambio seguimos teniendo buena imagen de nuestros políticos.
Todo esto tiene un elemento que aún no he comentado. La última palabra siempre la tiene el público que los observa desde fuera. Los concursantes no sólo deben "jugar" con sus compañeros sino que además tienen que tener en cuenta que quien realmente decide puede ver las artimañas que sus compañeros de concurso no ven. En la mayoría de las ocasiones es decisivo el carisma del concursante, pero por muy simpático que caiga si sus tejemanejes no fueron limpios y no gustó a la audiencia, su expulsión estará sentenciada.
Hay que diferenciar también los tipos de concursantes que intervienen. Están aquellos que buscan la fama por estar cuatro días, están los que van a concursar y a llevarse el premio y los hay que van a vivir la experiencia. Todos ellos, con intereses dispares, sin comerlo ni beberlo caen en uno u otro grupo. Depediendo del tipo de concursantes que exista en cada grupo así será su "estrategia".
Hay grupos que semana tras semana ven como van perdiendo a uno de sus componentes y ni siquiera se replantean si están haciendo las cosas bien. Siguen erre que erre. ¿No ves que la audiencia te está tirando? ¿No te debería dar qué pensar? Si quieres seguir luchando por la victoria debes dejar a un lado tu forma de ser y empezar a ser como los demás esperan que seas, si no, estás perdido. ¿Lo volvemos a extrapolar a la política?
Cuántas veces un político ha dado su palabra y luego no la ha cumplido. Cuántas veces ha declarado algo en contra de una minoría y ha ido luego a esa minoría a pedirle votos. Cuántas veces a rectificado un político y donde dijo "digo" ahora dice "Diego".
Pero no todo es estragia en Gran Hermano, se mezclan sentimientos, gustos, formas de ser y hacer, personalidades... que aderezan al concurso con esa especia que lo hace aún más dificil para el concursante y más interesante para los ojos de los que están fuera.
Se suelen calificar estos concursantes de zafios y chabacanos que hacen que aumente el número de horas al día de telebasura. Insisto en compararlo con la política: ojalá tuvieramos la oportunidad de poner una cámara 24 horas al día a cada político que dice que nos representa; no son tan diferentes de los concursantes de este reality.
¿Es un experimento sociológico? Personalmente creo que el experimento sociológico comenzó y terminó en su primera edición. Entonces todo fue nuevo: ¿cómo reaccionaría ese grupo de gente seleccionada? Y sobre todo ¿cómo reaccionaría un país entero ante tal novedoso formato?
Esta ha sido la visión con la que siempre he visto este programa: un grupo de personas que tiene que convivir, pero solo uno ganará el premio, la forma de conseguirlo la decide cada uno pero la última palabra la tiene la audiencia. Jugar o no jugar depende del concursante; es un juego de estrategia en el que entran todos, quieran o no quieran. En política actuamos igual, queramos o no, estamos llamados a votar, tenemos la decisión de participar o no, pero siempre, irremediablemente sufriremos las consecuencias del juego.
Hay quien se divierte viendo partidos de futbol, algo que a mí me aburre profundamente. No veo tan mal que alguien vea Gran Hermano, cada uno lo ve de una manera diferente, e incluso hay a quien le aburre, como todas las cosas.
Siempre le estaré agradecido al inventor del mando a distancia. Por cierto ¿alguien sabe cómo se llama?
Yúpiter

