La Coctelera

Yupiter

22 Julio 2007

Raíz de enebro (1/9)

"¡Rápido! ¡Sube!" Pisó el acelerador lo más que pudo y torció rozando la esquina de aquella casa. Era una noche de luna nueva, las calles estaban vacías y las farolas casi apagadas. El estruendo del coche al arrancar de forma tan brusca encolerizó a los vecinos insomnes de la calle, que salieron a sus balcones intentando averiguar qué estrella se había caído del cielo.

Cuando todos entraron de nuevo a sus hogares después de refunfuñar y agitar el puño en el aire apareció aquella sombra al final de la calle. Se dibujaba extraña, avanzando lentamente. Las ratas que salían de las alcantarillas atraídas por el olor a ceniza pudieron ver la silueta completa. En su lento caminar, el jinete buscaba rastros de aquellos dos jóvenes que huían de él. Avanzó hasta la esquina e hizo parar a su caballo. Se irguió sobre la montura, los tenía cerca. Torció la cabeza hacia su izquierda. Sí, se han ido por ahí. Asió las crines de su caballo y lo lanzó al galope por aquella empinada calleja.

La noche era cada vez más densa y las nubes tapaban las estrellas. Era una noche agónica, propicia para que el jinete pasara desapercibido. Seguía a lomos de su equino, que corría como el viento, pero sin hacer ruido. Cada vez que el animal tocaba el suelo con su pezuña desnuda, el ambiente seguía inmóvil, quieto, pues ni una sola vibración conseguía hacerse escuchar. Su oscura piel reflejaba las tenues luces de las farolas. Una piel brillante en plena oscuridad se sacudía en la templanza mientras las crines de su testa saltaban una y otra vez. El cuerno que separa sus ojos se había tornado de un color rojo carmesí que centelleaba entre las tinieblas desde que comenzó el galope.

Aquél unicornio era fuerte y el brío incansable de sus patas no se resintieron al subir la elevada y empedrada cuesta que llegaba hasta la plaza, donde su amo lo detuvo un momento. El jinete movió la cabeza hacia todas direcciones, alargó su brazo derecho hacia este lado señalando una dirección con el dedo índice de su huesuda mano. Amarró bien la cabellera del unicornio de nuevo y la sacudió con más fuerza. Aquél relámpago de sombra continúo cruzando más y más calles.


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servido por losmundosdeyupi-ter 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

cain

cain dijo

Tras tu ultima entrega (6) y aprovechando que esty de vacaciones me lo voy a tomar en serio. Voy a por el segundo que tiene buena pinta!!!!

30 Agosto 2007 | 10:23 PM

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Sobre mí

¿Otro perfil? ¡Los odio! Pero me niego a copiar y pegar así que intentaré ser original:

Nací hace 1632 años en una dimensión paralela a esta y mi nombre real es impronunciable aquí. Llevo 23 años en este planeta y me afinqué a vivir en pleno corazón de la Mancha haciéndome llamar Alberto aunque ahora trabajo en la capital de España. Mi misión en este planeta es estudiar el comportamiento humano. Los resultados del informe que voy redactando los podéis leer en esta bitácora. No soy persona de costumbres, es más, no soy persona sólo tengo la forma.

Mi religión la creé yo mismo, aún no tiene nombre pero su máxima es "Haz lo que te de la gana siempre y cuando no hagas daño a nadie". Una de las partes más restrictivas de mi religión es NO CONTINUAR NINGÚN MEME.

Puede que lo que aquí escriba no tenga mucho sentido o no sea comprendido por la mayoría de vosotros, pero es que yo no soy humano. Advertidos quedáis.






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